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La montaña más alta de Irán DAMAVAND (5.671m)
Texto: M. PILAR AGUDO FERNÁNDEZ
Fotos: RAFAEL MARTÍN JIMÉNEZ

Pisar la cumbre del Damavand, la montaña más alta de Irán, no es sólo una expedición alpinista, es también una divertida aventura de exploradores y sobre todo un reto a la improvisación. Si tuviera que definir la experiencia diría “soledad e incertidumbre”.
Pero no siempre tiene que ser así. Quien no quisiera arriesgar, podría buscar un guía local de los que ofrecen distintas opciones: desde recogernos en el aeropuerto y dejarse llevar, cuán mochila, hasta la cumbre, hasta contratar un único servicio de guía de ascenso. Es posible ponerse en contacto con los guías locales en Reyneh, último pueblo en el acceso a la cara Sur y al que se accede desde Polur. Estos son agradables y hospitalarios y hacen grandes esfuerzos para hacerse entender en inglés, lo que en aquel mundo «farsi parlante» se agradece enormemente.

Si osáis llegar por cuenta propia, sin duda lo mejor para enterarse de cómo funciona este hospitalario país, aquí os cuento, a modo de relato, los detalles logísticos de nuestra ascensión.
Para subir con éxito, es preciso el material básico de una ruta invernal, desde +-4000mts la nieve es omnipresente, el frío en verano llega a -20º. Una forma física considerable es imprescindible,
ya que el día de cumbre hay que superar 3.200mts de desnivel acumulado en muy pocos kilómetros. La mayoría de los iraníes que lo intentan bajan frustrados por la dureza, el frío y el mal de altura.


Llegar a Teherán fue fácil, pero moverse en esta megaurbe de 17 millones de habitantes es una odisea. La contaminación es insoportable y el tráfico es un caos global que no entiende de normas ni códigos; porque ni siquiera existen. Intentamos visitar la Federación Iraní de Montaña, para conseguir información y algún mapa, pero en Teherán ya no hay federación y en la oficina de turismo, si la encontráis, solo hablan farsi. Para el turismo iraní (no hay extranjeros). El Damavand es aquella montaña que adorna los cielos de Teherán cuando la polución lo permite. Disponeos a perderos unas pocas veces, a equivocaros otras más y a derrochar grandes dosis de paciencia.


En la ciudad se puede aclimatar. Al Norte Darvand, se llega en taxi pero hay que transcribir el nombre al farsi para que te lleven, hay un teleférico que sube a 4000 mts. Es posible bajarse a 3000 caminar y dormir a 4000. Hay mucha gente que sube a echar el rato. En verano de 2007 esto sólo funcionaba jueves y viernes que son el fin de semana de los países musulmanes. Para ascender al Damavand por las caras Oeste y Sur hay que ir al pueblo de Polur, al que accedimos en bus desde la estación Este de Teherán (no hay horarios, los buses salen cuando les viene bien). El viaje de 90 km por la carretera que
va al Caspio es curioso, y curioso es también bajarse del autobús en un poblacho polvoriento, en medio de la carretera, ambientado por algunos barezuchos en mitad de la nada. Nadie habla otro idioma que no sea el farsi, no hay rastro de montañeros, ni pistas que nos digan que estamos en el lugar apropiado, por supuesto ningún extranjero (no encontramos ninguno en todo el mes que estuvimos allí). Nos consuela la
impresionante vista del Damavand, aún lejos pero tentador.

Tratamos de hablar con los del lugar, que muy amables, y tras preguntar al tendero, al melonero, al del autobús y llamar por teléfono a ese sobrino suyo que «habla ingles» nos dicen:
-no hotel.
Efectivamente, en Polur no hay hotel, pero no desesperéis, la recóndita estatua del montañero os indicará que estáis en el lugar apropiado. A las afueras del pueblo hay un ¡albergue de la federación!, con agua caliente, cocina, rocódromo, pabellón cubierto, pin-pon y habitaciones «decentes». Podemos llegar hasta allí en taxi o a pie por el «atajillo». Dormir cuesta 3000 tuman (que son 30.000 riales) y si quieres la «su-persuite» con baño privado 10000t.(+-10e) (lo detallo para reducir las posibilidades de la picaresca). En el refugio disfrutad de la soledad (a partir de ahora será constante) y de Alí, el vejete agradable y discreto que se encarga de mantenerlo.
En Polur aprovechamos para comprar lo mínimo que pudiéramos necesitar: pan ácimo sin levadura como el de la Biblia, galletas, alguna lata de sardinas… probamos las maxigominolas que parecen alfombrillas de coche y que son estupendas como alimento energético. En el pueblo hay varios bares que ofrecen arroz, té y brochetas de cordero, de cordero en trozos, en hamburguesa, en salchicha, cordero en chope ¿pero es que no conocen las chuletillas? También hay un delicioso yogurt artesanal, a veces con ajo y perejil, que no es el postre, sino para mezclar con el arroz. Asomaos a los grandes contenedores a los que cae el agua, tienen bonita sorpresa..

Desde aquí hicimos algunas excursiones para aclimatar en los cuatromiles que quedan al Noreste y al Sur de la carretera y que según a quien preguntes tienen un nombre diferente. Ya hartos de arroz y cordero, contactamos con el conductor de la furgoneta azul que nos llevó cerca del refugio de Simorg
(4080 mts), único campo de altura que montamos. En cuanto lo veáis cazadlo, antes de que desaparezca de nuevo, y negociad con él día y hora de partida. Lo ideal sería compartir transporte con algún nómada u otros montañeros que subieran para reducir gasto, aunque aclarad bien el precio, pues hay quien nos dio un precio razonable y a la vuelta lo dobló, así que no tuvimos más remedio que pagar, so pena de caminar los 30km de polvoriento
carril. Aquel trayecto en la camioneta fue lo más peligroso de la ascensión. A esta altura de viaje ya habíamos comprobado lo amparados por Alá que están los conductores iraníes.
Bordeamos cortados espectaculares, nos frotamos las manos con lavista de la montaña y descubrimos familias de nómadas que vienen en verano a que sus ovejas pasten en los verdes prados. Se alimentan de pan, leche y queso y viven en tiendas de loneta marrón idénticas a las que se utilizan en otras partes del mundo, como en el Sahara o las estepas andinas (¿exportación cultural o descubrimientos paralelos?). A la vuelta quisimos compartir un día con ellos, pero sus perros-oso enormes, agresivos y con la orejas recortadas para hacerlos parecer aún más malos, no nos dejaron ni bajar del coche. La camioneta nos dejó a +-3 h del refugio, y por fin libre del chador, empezamos a caminar tras una roca donde parecía salir una vereda en dirección a la montaña. El camino discurre sobre una impresionante lengua de lava negra a cuyos pies se extienden los pocos verdiales que quedan a esas alturas. Justo en frente, la cumbre se imponía todo el tiempo, a veces se ponía caprichosa y nos mandaba un desagradable chaparrón… Calma… ya veremos si se pasa…El refugio vivac está enfrente, se ve casi todo el tiempo, incluso de noche, porque los iraníes, que en la montaña no conocen el reloj, son capaces de empezar a andar a las 6 de la tarde después de todo un día de vagancia.
Está en condiciones habitables. Caben unas 30 personas, aunque fuera hay buenos sitios para plantar la tienda. Hay agua a 100 mts. por la vereda que desde detrás de la casa parte hacia el glaciar al Este.
Los montañeros locales viven la montaña de manera distinta a la nuestra, así, dicen que hay que partir hacia la cumbre a la 1 de la madrugada, bien tempranito para no tener prisa. La cumbre se ataca por la vereda justo tras el refugio, no hay que confundirse con la que vemos en dirección NO que es la de bajada. El camino va por medio de una arista entre dos glaciares, no es difícil de seguir ya que en los tramos controvertidos es posible encontrar alguna pista, pero mantiene un desnivel muy considerable (de 4080 a 5671 m). A las dos horas de caminata ya se toca la cumbre con la mano, se palpa, se respira, pero ¡no os lo creáis!: es un espejismo. Y seguimos …un paso, otro paso, dame agua, ¿dónde esta mi guante?, aligerando que viene borrasca…
Disfrutad (lo que podáis) del camino, del paisaje, de la compañía y de la soledad, del antipático viento que se cuela por las rendijas y de las simpáticas fumarolas calentitas que manan del suelo.

Cinco horas de buena marcha tardamos en llegar a la cumbre. El frío hizo mella, la altura se dejó notar y un eructo de azufre nos recibió en la cumbre… pero… ¡qué cumbre más
bonita!: es un círculo blanco perfecto, su cráter se da aires de gran volcán y su gran fumarola es un guiño al frío.!Qué bien que por fin da el solecito! ¿Ves tú? esto ya es otra cosa. Foto pa llá, foto pa cá, otra vez he perdido el guante.
La borrasca, que amenazaba como un ejército, no nos dejó disfrutar ni de la vista ni del recodo al sol, así que para abajo chutando. Nos dejamos caer por la gran pala de nieve al SO del cráter. Hasta mitad de ladera estaba totalmente helada: qué tensión en lo alto del impresionante tobogán, no permite un descuido. La bajada se hace dura, tres horas sin pausa, puse el piloto automático, pero los últimos tramos, feos, nieve, hielo, roca, tierra… se hacen interminables. Por fin llegamos a la tienda, a las 11 de la mañana y menos mal, porque ya a esa hora las nubes no dejaban ver más allá de los 4500 mts.
Como no habíamos quedado con la camioneta, bajaríamos el día siguiente en que esperábamos, «inshAlá», subiera algún coche. … Sueño, dolor de cabeza, de piernas, dedos entumecidos, sed, polvo…quiero una sandía… fue cayendo la tarde.

Quedé marcada por esta solitaria experiencia: una gran montaña para mí, un trocito de Persia, un hito en la historia y la leyenda…
Descansamos unos días a orillas del Caspio, probamos su esturión y sus cálidas aguas (por supuesto sin quitarme el chador), pero pronto, anhelantes de prolongar aquellas sensaciones, aprovechamos la cercanía del Ararat y fuimos a conocer el mar de gran diluvio, el ambiente bíblico del Kurdistán y a ver la montaña más mítica de la historia, a la que le agradeceré siempre la deferencia de haberme dejado pisar su cumbre aquel inesperado día de verano.

Bibliografía:
Damavand: majestad persa. DESNIVEL, 1999
Irán: la encrucijada de Oriente. ALTAoeR. Julio 1999
Rumbo a Irán. Toni Vives. Laertes 2002.