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Cho Oyu (8201 mts)
por Javier Campos

OBJETIVO: Cho Oyu (8201 mts)
RUTA: Vertiente suroeste (ruta Tichy)
DESNIVEL: 2500 mts
DIFICULTAD: Muros de hielo verticales a 6.800 y 7.000 mts.
ESTILO: Clásico
CAMPAMENTOS:
   • Campo Base: 5.700 mts
   • Campo 1: 6.400 mts
   • Campo 2: 7.145 mts
EQUIPO: Javier Campos, en compañía de una expedición italiana.

El Cho Oyu es una montaña cargada de magnetismo. Su altura la coloca en sexto lugar entre las montañas más altas del mundo, pero para mi, su atracción iba más allá de su altura o su dificultad.

En 1.997 había intentado escalarla. Aquella vez, tuve que retirarme a 7.800 metros durante el intento a cima por culpa de una congelaciones en los pies. En el año 2004, volví a intentarlo. Esta vez, la cosa fue peor y “solo” alcancé los 7.000 metros.

Supongo que, en parte por convertirse en una cuestión personal, en parte porque no me planteaba realizar la escalada acompañado en un principio, esta vez marché solo a Nepal. El campo base se instaló al pié de la vertiente Sudoeste el día 8 de septiembre. A pesar de ser más frío, el otoño ofrece más posibilidades para alcanzar la cima. Las nieves del periodo monzónico ocultan las principales dificultades técnicas de la ruta. A cambio los feroces vientos del principio del invierno, convierten esta estación en la más peligrosa en lo referente a congelaciones.

Tras realizar la aclimatación instalando dos campos de altura a 6.400 y 7.145 metros, el día 22, a las 10 de la noche, empecé a prepararme en compañía de un equipo italiano y algunos amigos españoles. A las 12 estábamos en marcha. Por delante, más de 1.100 metros de ascenso y otro tanto de regreso a las tiendas del campo 2. La escalada se desarrolló en medio de una noche fría y tranquila hasta el amanecer. Con la salida del sol, llegó también el viento y la sensación térmica descendió a cerca de los 50º bajo cero.

A las 14.00 alcanzaba el final del interminable plateau cimero y veía la silueta del Everest. A la tercera, fue la vencida. El descenso, con el frío y el cansancio, se convirtió en una cuestión de supervivencia. La niebla nos impedía encontrar las tiendas del campo 2, a las que llegamos a las 8 de la tarde, tras 20 horas de actividad.

Unos días más tarde, regresaba a Katmandú para poner en marcha los trámites de regreso que esta vez, en lugar de llevarme a casa, acabarían con unos días ingresado en un hospital para tratarme las congelaciones severas con las que descendí de la cima.