Santiago Millan Talero:
1ª Andaluza a la pared Norte del Eiger
1ª Andaluza a la pared Norte de las Droites en Invierno.
Escalador de séptimo grado en mixto
Escalador de octavo grado en roca
Componente de la
expedicion Arwa Spire 2006,
Himalaya
Cinco expediciones a Himalaya y múltiples a macizos de altitud (Andes, Rocosas, Alpes).
Escalador de sexto grado en hielo.
Cascadista reconocido, realizando algunas primeras ascensiones en Estados Unidos y Canadá
En muchas
ocasiones hablamos de seguridad, técnica, mentalidad y tantos
otros factores que determinan la supervivencia en altura y en
condiciones extremas, pero cuando se trata de elegir al compañero
adecuado, entran factores mucho más difíciles de controlar y
prever.
Un día de escalada lo disfrutamos con cualquier compañero o
amiguete, pero hasta para salir un día soleado y a una escuela de
escalada fácil deberíamos saber la reacción de nuestro acompañante
ante algún problema imprevisto. Supongamos una simple
lipotimia; deberíamos de tener en cuenta, en lo posible, la
capacidad de resolver de nuestro único acompañante. 
Después de
algunas expediciones y paredes de diversa dificultad he podido
observar, estudiar y reflexionar sobre el comportamiento de
algunos miembros del equipo ante diversas situaciones y nunca es
la misma, ni la esperada, a veces para mal y otras para bien.
Centrándonos en lo meramente deportivo, como hemos mencionado en
párrafos anteriores, ocurre que si no vamos con un objetivo de
alta dificultad, cualquiera nos puede asegurar, pero cuando se
trata de una ruta en el punto superior de nuestra capacidad física
y mental la cosa cambia. El cordón umbilical que nos une, o sea la
cuerda, y lo llamo así por varias razones. La primera porque es la
unión a la vida y otra, como ocurre con el cordón materno es que
todos los nutrientes, en este caso, información, tensión,
vibraciones y sentimientos se transmiten inexorablemente a través
de este hilo de colores.
Sin
dudarlo diría que en el 98% de las ocasiones, escalando con mis
compañeros habituales de escalada deportiva, sabíamos, ellos y yó
cuando íbamos a caer, sentíamos miedo, o una simple indecisión en
un paso por pequeña que fuese. Si esto se manifiesta en una
escuela de escalada, segura, cercana a casa y conocida, podemos
imaginar lo que ocurre cuando la elección de tus compañeros es
para salir de expedición a lugares realmente de compromiso, lejos
de nuestra casa, en condiciones extremas y paredes o montañas de
exposición y compromiso reales.
En este
artículo quiero aportar mi experiencia, no para determinar
científicamente la elección del compañero, sino para tener varios
pilares básicos a tener en cuenta en el momento de dicha elección.
En Primer lugar deben ser compañeros con los que ya se hayan
compartido otras experiencias aunque no sean tan extremas, y me
atrevería a decir que fueran con los que habitualmente hagas
actividad alpina. Con este hecho reducimos considerablemente las
dudas ante cual será su reacción en momentos puntuales.
Si en una actividad de envergadura no puede unirse tu
compañero habitual “nunca” y resalto “nunca” lo cambiemos por
alguien que aunque con buen “rollito” y por desesperación nuestra
nos acompañe, las posibilidades de fracaso son elevadas y por lo
que respecta a seguridad, también desciende peligrosamente y como
resultado obtendremos, en el peor de los casos una situación grave
y en el mejor, malas caras.
En segundo
lugar debemos seguir nuestra intuición, por poco tangible que nos
parezcan estas apreciaciones.
Por ejemplo;
si ya hemos elegido a un compañero para actividades citadas antes,
o sea, de nivel elevado para nosotros y nos encontramos entrenando
en paredes de distinta dificultad, debemos desconfiar cuando, unas
veces por haberle sentado mal el desayuno y otras porque no se lo
ve claro del todo, el caso es que todos los largos te los comes
tú.
Este último párrafo, si lo aislamos de todo el contexto del
artículo nos puede parecer muy radical, pero cuando dicha
situación, en lugar de ocurrirnos entrenando se nos presenta y
repite en un lugar extremo en el himalaya, esta pieza del puzzle
se nos vendrá a la mente y nos encajará perfectamente
arrepintiéndonos de la elección del compañero y de no haberlo
remediado antes.
Una indisposición o duda nos puede ocurrir a cualquiera, pero
lo que aquí puede representar varias anécdotas o coincidencias,
allí van a determinar la actitud de nuestro compañero a la hora de
afrontar las dificultades o darse por vencido a la primera de
cambio.
Y tercera, en este campo entra lo que podemos definir como el
ego y la honradez personal. Puede suceder
que estemos preparados física y mentalmente para la expedición o
evento, cercano a nuestro techo deportivo, pero en el momento de
afrontarlo nos “hundamos”, al reconocerlo, nunca y repito nunca,
nos reprochara nuestro compañero el no haber estado a la altura,
por el contrario, siempre y repito siempre, nos reprochará el no
haber reconocido nuestra limitación.
Este hecho, de
reconocer un mal momento es el que nos hace grandes, como personas
en general y como deportistas en particular, al margen absoluto de
conseguir el reto.
Elegir bien
es muy difícil, por mucha que sea nuestra experiencia, siempre
seremos susceptibles de ser engañados por patanes y falsos
deportistas que por el simple hecho de que le pague el viaje un
patrocinador, irá a cubrir el expediente y a pegarse una
aventurilla, para él suficiente, aunque deje tirados a alpinistas
que sí les gusta hacer las cosas bien y con responsabilidad.
Si seguimos
estos tres puntos anteriores podremos seguir fallando en la
elección, pero siempre tendremos claro, que pautas básicas debemos
seguir en la difícil elección de nuestro compañero.
La
convivencia siempre es difícil, compartiendo piso cuando somos
estudiantes, en el matrimonio, con nuestros padres, en el trabajo,
pero si basamos esta convivencia en la sinceridad y la honradez
hacia los compañeros y amigos nunca los perderemos.
Santiago Millan Talero.