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PRIMERA ASCENSIÓN
Texto: M. Pilar Agudo
Fotos: Rafael Martín
Del Campo I 4500mts al
Campo II 5500mts.
La
noche en el campo I no paró de nevar, de ventear,
de azuzar la tienda… De vez en cuando se oían
rugidos de la montaña y me encomendaba a los
santos para que fuera viento y no un alud aunque
cualquiera de ellos se llevara la tienda.
Desayunamos tarde en el cubículo del campo I y a
las 10 comenzamos a caminar entre nubes y sol. El
principio de la etapa es una fuerte pendiente de
nieve al borde de la arista. Se disfruta de una
vista espectacular a ambos lados. No paramos mucho
a mirar, la verdad, pues la nieve, la ventisca, la
niebla, cada vez son más presentes y otorgan a la
arista un aire tan amenazador que invitan a bajar.
La densa nevada de la noche anterior ha convertido
cada paso en un intenso esfuerzo. A pesar de que
nos turnamos para abrir huella, el viento borra
nuestros pasos y cada uno debemos afrontar nuestro
esfuerzo de nuevo en solitario. La verticalidad
impide progresar, la nieve no se mantiene y las
horas y el desnivel van agotando las fuerzas.
Llegan tramos de roca y hielo, la exigencia física
aumenta si cabe aún más, pero al menos vemos
rentabilizado nuestro esfuerzo ya que los
crampones y el piolet se agarran a la roca y es
posible ascender rápido. Alternamos paredes
verticales con zonas mixtas, la ventisca no cesa,
la nieve se cuela por cada recoveco, el frío se
intensifica con el caer de la tarde...en la pared
no encuentras momento de parar a abrigarte, de
comer algo. Quitarte la mochila, abrir un
bolsillo, comer… se convierten en un reto y una
pérdida de tiempo. Solo quieres seguir, no parar,
no enfriarte y llegar. El agotamiento puede
convertirse en un límite,cualquier descanso
provoca enseguida un sueño profundo. A las 8 horas
de escalada sin pausa llegamos a la plataforma de
nieve horizontal que es el campo II. La niebla y
la nieve se funden en un solo plano siendo
imposible distinguir donde empieza uno y termina
otro. Es una sensación confusa y desconcertante,
una alucinación. No existen puntos de referencia y
se pierde el equilibrio. No ves donde está la
arista, ni la pendiente, ni la roca… es mejor no
moverse y esperar a que se abra un claro.
Me parece desolador que sea este el lugar que
buscaba. No pensar, no pensar…. Actuar: no queda
otra que sacar la pala y ponerse a cavar un hueco
donde ubicar la tienda ¡Qué duro, qué frío… si al
menos cesara el viento…! Al fin, entre temblores o
mejor dicho, convulsiones, nieve, agua, algún que
otro suspiro de desesperación o llanto logramos
montar la tienda. Quiero pensar que esta crisálida
de fina lona y palitos de alambre es un lugar
seguro en medio de la montaña, aunque debamos
tratar de existir durante estas horas entre botas
que no paran de soltar hielo, material de escalada
que chorrea, casco, arnés, cuerdas… la tienda
siempre queda en desnivel, el suelo está lleno de
bultos, la comida y los utensilios de cocinar se
esconden entre bolsas, ropa, tornillos y hierros,
la nieve y el hielo se derriten dentro de la
tienda y todo se empapa, huele a gas del
infernillo que hace equilibrios entre mil enreos…
hogar dulce hogar….
Por fin, a las 10 de la noche estamos “calentitos”
en nuestro húmedos sacos y rezamos para que el
rugido que se oye venir sea el viento. Sigue
nevando…
SEGUNDO ASCENSO DE ACLIMATACIÓN
Hoy comienza un nuevo día, no sé cual exactamente
y estamos de nuevo en el CB. Tras los dos días de
descanso posteriores a la primera ascensión hemos
realizado un segundo porteo y aclimatación. Del CB
directo al CII donde pasamos una noche aceptable y
al día siguiente ascenso y noche en la misma cima
del Chapaev que es un piquito muy majo de unos
6300m. Tiene unas vistas preciosas de todos los
valles y montañas, claro que también se muestra
sin escrúpulos la impresionante pared norte del
Khan y la arista que esperemos nos lleve a cumbre.
Quisiera impregnar de romanticismo aquella noche
en lo alto de esta preciosa cumbre, pero,
sinceramente, fue un martirio. Prácticamente
debíamos salir de la tienda asegurados para no
salir volando, el viento aplanaba el techo así que
pronto parecíamos estar envasados al vacío, y lo
peor, el ruido insoportable del viento. Sentía
claustrofobia, se me pasaban un montón de
tonterías por la cabeza, la noche no terminaba
nunca. Pasé frío, sed, me torturé pensando que
tarde o temprano debía levantarme a quitar la
tienda y así fue. Si pudiera darme un capricho en
la montaña elegiría que me montaran y desmontaran
la tienda, aunque como proponen algunos
preocupados montañeros de mi pueblo ¿por qué no
llevamos la automontable del decatlon?
Recuperé la alegría en cuanto conseguimos someter
la tienda y descendimos al CB en un día precioso
que nos permitió hacer espléndidas fotos. |